El 11 de febrero de cada año la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo en la
memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. El lema para este 2021 es: «Uno solo es su
Maestro y todos ustedes son hermanos (Mt 23,8). La relación de confianza, fundamento del
cuidado del enfermo». El Papa Francisco nos invita a actuar en bien de los enfermos, a brindar
una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares
destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. En este año se
invita orar en particular por aquellos que sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia
del coronavirus. A todos, especialmente a los más pobres y marginados, se expresa la cercanía
espiritual y al mismo tiempo deseamos la solicitud y el afecto de la Iglesia.

El tema de esta Jornada se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la
hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). Cuando la fe se limita a ejercicios
verbales estériles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia
entre el credo profesado y la vida real se debilita.

La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al
mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más
nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente,
cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan
de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra
salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos” (cf. Mt 6,27).

La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una
pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a
veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y
familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa.
La enfermedad ordinariamente tiene un rostro, incluso más de uno: tiene el rostro de
cada enfermo y enferma. La pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de
los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas. Los ancianos, los
más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no
siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de
administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad.
La cercanía a los enfermos es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a
quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la proximidad como expresión del amor
de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser
humano, herido por el pecado. Unidos a Él por la acción del Espíritu Santo, estamos llamados
a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles
y que sufren (cf. Jn 13,34-35). Y vivimos esta cercanía, no sólo de manera personal, sino
también de forma comunitaria: en efecto, el amor fraterno en Cristo genera una comunidad
capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los más frágiles.
Tengamos muy presente lo que el Papa Francisco nos dice:
«Uno solo es su Maestro y todos ustedes son hermanos (Mt 23,8). La relación de
confianza, fundamento del cuidado del enfermo».
AMOR Y AMISTAD EN TIEMPO DE COVID-19Estamos acercándonos al 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, y desde la Iglesia
queremos valorar y dignificar el don de la amistad de Jesús: nuestro destino es ser amigos
suyos y Él permanece fiel a este don también cuando nosotros por nuestra debilidad nos
alejamos de Él.
Como cristianos hemos recibido este don que nos compromete: la amistad del Señor.
Esta es nuestra vocación: vivir siendo amigos del Señor. Todos hemos recibido este don: la
apertura, el acceso al corazón de Jesús, a la amistad de Jesús. Hemos recibido como privilegio
y gracia el don de su amistad. Nuestro destino es ser amigos de Cristo Jesús.

En el ámbito social hago el llamado a los ciudadanos a vivir este día del Amor y la
Amistad, cumpliendo las medidas sanitarias que las autoridades de salud determinan, para
evitar los focos de contagio del virus del Covid-19 e infectar a nuestros seres amados. Las
muestras de afecto y cariño son necesarias con nuestra familia, amigos y aquellas personas
enamoradas; sin embargo, recordemos que ante la emergencia que estamos viviendo en todo
el país y el mundo procuremos formas virtuales y a distancia de demostrar ese cariño, para
proteger a quienes más queremos y a los más vulnerables. Como Iglesia, hacemos un llamado
a que, en esta época de incertidumbre de la vacunación contra este virus, mantengamos la
sana distancia y los cuidados necesarios para salvaguardar, con amor y cariño a nuestros
seres amados.
Exhortamos a las instancias de salud y gobierno, federal, estatal y municipales a
promover la campaña de vacunación contra el Covid-19; que la vacuna sea accesible y llegue
a toda la población, para que todos los mexicanos, estemos protegidos de este virus y así
podamos retornar a nuestras actividades diarias, que podamos ver a nuestros seres amados,
sin temor a un contagio.
Estimados feligreses, no tengan miedo de vacunarse contra este virus, tengamos fe y
esperanza en Nuestro Señor, que nos cuida y nos protege. Encomendemos a los ciudadanos
a nuestra Madre Santísima, la Virgen de la Salud, Patrona de la Arquidiócesis de Morelia, para
que sane nuestro cuerpo y nuestra alma, y nos cubra con su manto maternal. ¡Nuestra cercanía
y bendición para los hermanos enfermos! ¡Feliz día del Amor y la Amistad!

En Cristo, nuestra paz
- Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Morelia
Vicepresidente de la CEM
Vicepresidente del CIM
Presidente del CMCPR