En la solemnidad de la Sagrada Familia, el arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos, utilizó la misa dominical para articular tres ejes que considera centrales para la vida eclesial y social: la familia, la inocencia y la esperanza, en el contexto del cierre del Año Jubilar 2024-2025 en la arquidiócesis. Desde el altar, Garfias colocó el modelo de Jesús, María y José como referencia directa para las familias de la región y subrayó que la celebración se sitúa entre el 25 de diciembre y el 1 de enero, en plena prolongación del ciclo navideño. “Contemplamos al niño Jesús que su papá José y su mamá María le adoran y le veneran. Y tenemos el ejemplo de la Sagrada Familia, modelo para nuestras familias y modelo para cada miembro de la familia”, afirmó ante los asistentes.
En su homilía, el arzobispo retomó el contenido de las lecturas bíblicas que aluden a la relación entre esposos e hijos, y las tradujo como criterios concretos para la vida cotidiana. “La palabra de Dios hoy nos recomienda: mujeres, respeten a sus maridos; maridos, a sus mujeres; hijos, obedezcan a sus padres”, señaló. A partir de esa síntesis, describió una estructura mínima de convivencia: “En esas palabras tan sencillas se expresa la profundidad de la vida matrimonial y familiar: el respeto, la obediencia, el cuidado y la preocupación y la protección de unos por otros”. Desde ahí interpeló directamente a los distintos miembros de la familia: pidió a las esposas que, “con su atención y su cariño, con su cercanía a sus esposos, manténganlos creciendo en la relación con Cristo”, y a los esposos que “con el cuidado y el respeto a sus mujeres, con la preocupación para que ellas vivan cada vez mejor… hagan crecer a sus esposas”. A los hijos les exhortó a “obedecer, respetar, ser atentos con sus papás”.

Garfias concentró parte del mensaje en el papel de la familia como espacio de construcción de paz. “Todos vivan la ternura. Todos sean amables unos con otros. Todos véanse en familia en la unidad, en la armonía y construyan la paz”, expresó. A partir de esa idea, afirmó que es “importante tener familias donde se viva la paz y se comparta esta paz con todos aquellos que les rodean”, ligando la dinámica interna del hogar con su impacto en el entorno social. Sin aludir directamente a conflictos específicos, el arzobispo colocó la paz familiar como base de una cultura más amplia de convivencia.
El calendario litúrgico ofreció un cruce significativo que Garfias aprovechó para dar un contenido simbólico adicional a su mensaje: la coincidencia de la fiesta de la Sagrada Familia con la memoria de los Santos Inocentes. Recordó el relato de Herodes que busca al niño Jesús para matarlo y la muerte de los niños de Belén, y lo convirtió en un llamado a recuperar la inocencia como clave espiritual y social. “Los Santos Inocentes nos invitan a ser inocentes en nuestro corazón para poder contagiar y compartir la paz”, dijo. Conectó esa inocencia con una actitud de construcción comunitaria: “Desde el corazón, con la inocencia de los niños que mueren por la ejecución de Herodes, podamos construir la paz y ser inocentes para vivir en armonía, para vivir en la unidad y para compartir la inocencia con todos aquellos que nos rodean”.

En el tramo final de la celebración, Garfias enmarcó la homilía en un momento institucional: el cierre del Año Jubilar en la Arquidiócesis de Morelia. Anunció que, litúrgicamente, se “cierra la puerta santa”, pero matizó que esto no implica un cierre espiritual. “Hoy cerramos el año jubilar aquí en nuestra arquidiócesis. Gracias a la abundancia de bendiciones y de gracia de Dios que se ha derramado en nuestra arquidiócesis en este año jubilar. Hoy cerramos la puerta santa, pero no cerramos la fuente de la gracia y de la bendición de Dios”, expuso. Precisó que se trata del “año santo 2025 y este año del 2024 al 2025 como año privilegiado para recibir la gracia y la bendición de Dios”.
Bajo esta línea, el arzobispo buscó proyectar una agenda hacia adelante, resumida en la imagen de la “peregrinación de la esperanza”. “Sigamos siendo peregrinos de esperanza. Sigamos comunicando y transmitiendo la esperanza a todos aquellos a quienes encontremos en nuestro camino. Que nuestras familias sean peregrinas de esperanza”, sostuvo. Ligó esa invitación con la inocencia de los niños y de las personas que se mantienen fieles a Cristo: “Que la inocencia de los niños y la inocencia de todas las personas fieles a Cristo permanezca en la Iglesia”.

Garfias cerró su mensaje invocando figuras de la piedad local y de la tradición diocesana como respaldos simbólicos de su propuesta. Mencionó a “la Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Salud”, a “San Bernabé de Jesús Méndez Montoya” y al “venerable Vasco de Quiroga”, pidiendo que “nos acompañen e intercedan por nosotros para que, viviendo la unidad, la esperanza y la paz de nuestras familias, sepamos ser donde quiera que vayamos fuente de inocencia y peregrinos de la esperanza”. Con ello, articuló en un mismo discurso familia, inocencia, paz y cierre jubilar, y dejó planteada una hoja de ruta espiritual que busca incidir tanto en la vida interna de los hogares como en el clima social de la arquidiócesis.










