El arzobispo Carlos Garfias Merlos presidió la misa con la que se celebró al Señor de la Sacristía, en cuyo marco convocó a ser artesanos y constructores de paz, fuentes de unidad y armonía.
Garfias Merlos manifestó su alegría por la celebración del Señor de la Sacristía, “esta imagen bendita que tenemos aquí como una expresión de Jesucristo, nuestro salvador”. Invitó a todos a contemplar esa imagen bendita, mirando en ella a Jesucristo y reconozcamos que Él es nuestro salvador.
Cuántas personas vemos todos los días llegar, presurosas, a este recinto de nuestra Catedral para encontrarse con el Señor de la Sacristía”. Hay que contemplar, dijo, a través de esa imagen a Jesucristo y en Él “encontremos que nuestra fe crece, que nuestra fe se desarrolla, se expresa y se manifiesta.
Invitó a todos ser agradecidos, amables y atentos con todas las personas con las que se encuentren, sobre todo con aquellas que han sido víctimas agredidas, descalificadas, discriminadas y criticadas.
Hay que ser hospitalarios, “porque la hospitalidad y la gratitud son las expresiones más finas del amor de Dios; son las que nos identifican como discípulos de Cristo; mirando a Jesucristo en esta imagen bendita del Señor de la Sacristía, vayamos con el corazón renovado, para ser hospitalarios, para ser constructores de paz, para ser peregrinos de esperanza, para ser atentos y amables con nuestros hermanos”.
Hay que ser, añadió, hermanos dispuestos para la hospitalidad y recibir, sobre todo, a los más necesitados, a los pobres, a los enfermos, a las viudas, a los huérfanos, a aquellos que se encuentran con dolor y sufrimiento y que nosotros seamos motivo de consuelo, de esperanza, de fortaleza, de unidad y de paz”.
Siendo, prosiguió, peregrinos de la esperanza, “seamos artesanos y constructores de paz; seamos, entre nuestros hermanos, fuente de unidad y armonía; seamos serviciales, amorosos, y cuidemos y atendamos a quienes más lo necesitan”.
Cabe mencionar que el Señor de la Sacristía, está ubicado a la izquierda del altar principal. Está hecho en un estilo influenciado por el arte precristiano de la “pasta de caña de maíz”, del siglo XVI. Posee una corona de oro regalada a la iglesia por el rey español Felipe II en el siglo XVI.
El atrio de la Catedral Metropolitana se vio invadido por danzantes y músicos que expresaron, de esa manera, su devoción y fe al Señor de la Sacristía.










