Bendición del crisma y santos óleos
En la majestuosa Catedral de Morelia, resonaron las palabras de solidaridad y esperanza del arzobispo Carlos Garfias Merlos durante la solemne Misa Crismal. En esta ceremonia, que congregó a decenas de sacerdotes, se bendijeron los santos óleos, gesto que simboliza la cercanía de la Iglesia con quienes sufren violencia y dificultades en las comunidades.
La Misa Crismal, presidida por el obispo titular de la diócesis, revistió especial significado al ser el momento de la consagración del Santo Crisma y la bendición de los otros dos aceites: el crisma, utilizado para ungir a los nuevos bautizados, confirmados y ordenados obispos y sacerdotes; y los óleos de los enfermos y catecúmenos.
Entre los muros centenarios de la Catedral, el arzobispo Garfias Merlos, frente a la presencia del presbiterio, expresó su agradecimiento por la labor y dedicación de los sacerdotes, extendiendo también su saludo a los ancianos y enfermos que no pudieron asistir, así como recordando a aquellos que han partido.
La liturgia de la Misa Crismal es un símbolo de comunión entre el obispo y el presbiterio, marcando el compromiso de los sacerdotes con el servicio a la Iglesia. La procesión de las ofrendas, con las ánforas de los óleos preparados por los diáconos, es un momento de profunda solemnidad. Aquí, las esencias que se utilizarán para consagrar el Crisma son ofrecidas en primer lugar, seguidas de la oración solemne y el soplido del Arzobispo, representando el Espíritu que se derrama en los óleos.
Después de la bendición de los enfermos y catecúmenos, la celebración continuó con la renovación de las promesas sacerdotales. Este acto simbólico, realizado una vez al año por los sacerdotes después de su ordenación, representa su compromiso renovado de servir a la Iglesia y a su comunidad. El arzobispo enfatizó la importancia de este compromiso en estos tiempos difíciles, donde la presencia y solidaridad de la Iglesia son más necesarias que nunca.
La distribución de los óleos para su uso en las parroquias marcó el cierre de esta ceremonia de profundo significado. Así, la Misa Crismal de este año ha quedado marcada por la reflexión, la comunión y la renovación de los votos sacerdotales, fortaleciendo el compromiso de la Iglesia con la comunidad de Morelia y sus alrededores.