Sierra Chincua (Angangeo), Michoacán.- Tal vez, muchos, ya saben o conocen sobre los santuarios de la Mariposa Monarca, aquí, en la región indígena Mazahua, limítrofe con el Estado de México. Mucho se ha dicho y escrito sobre el tema; la migración, hibernación y regreso a norteamérica; la conservación de los bosques de oyamel a una altura superior a los 3 mil 300 metros sobre el nivel de mar.
En este breve texto, contaré algunas vivencias, en torno al santuario Monarca, a manera de crónica o de color; no era mi intención, inicialmente, pero ya saben, el instinto de contar algo, siempre sale a flote. Ni modo.

Sierra Chincua. Chincual, palabra Mazahua; es algo que de niño escuchaba, allá en mi pueblo, cuando los charaquitos les daba ese mal estomacal.
A más de 3 mil metros de altura, enorme bosque de pino y oyamel, hacen que el frío cale hasta los huesos; el acceso, pagar tu boleto; los sanitarios, insuficientes, también pago. Un mercado de artesanías y tres naves de 6 locales de venta de comida cada uno. No hay variedad, casi lo mismo, todos. Un par de huevos, 130 pesos.


Desde lo alto de los árboles, emerge la tirolesa, 100 pesos por persona si te subes; te rentan un bastón artesanal de madera, en 10 pesos, si vas a caminar por el sendero y, 300 pesos si vas y vienes, en un tramo a caballo.
Muchos avisos, de que se trata de una reserva de la biósfera de la Mariposa Monarca. Un recorrido por senderos, de más de tres kilómetros; Algo que nunca falta, una jovencita con falda corta y tacones; la señora con todo y carreola, o los clásicos chilangos que se identifican a lo lejos por la forma de hablar. En fin.

Según Conafor, se cuenta aquí, con una extensión de 56 mil 259 hectáreas de bosque, que abarca los municipios michoacanos de Contepec, Senguio, Angangeo, Ocampo, Zitácuaro y Áporo, además de algunos del Estado de México.
Todo ello, para la conservación y protección del hábitat, de la Monarca, que inició su travesía de más de 4 mil kilómetros, en septiembre, desde el sureste de Canadá, hasta estos santuarios, recorriendo en promedio, 120 kilómetros por día, a una velocidad de 40 kilómetros por hora.
Esta ruta migratoria de millones de monarcas, es, religiosamente, cada año, inician el regreso, en el mes de marzo, desde aquí, de este santuario natural ancestral, conocido como Cerro Prieto, a unos 10 kilómetros de Angangeo.


Un tlacoyo de huitlacoche, dijo alguna persona, en el comedor, una vez que regresamos de la caminata, cansados y llenos de tierra; me recordó aquella famosa canción de que un hongo de la planta de elote, llamado Huitlacoche, se casó con un ave famosa, llamada Urraca. Pero bueno, no aplica ni siquiera para una fábula.
Aire puro y fresco, buena cansada, y todo te cobran; buen negocio. Ya casi de salida, con la promesa de no volver y enfilar, mejor, hacia la costa del pacífico, me topé con un mensaje de los Mazahuas, que llamó mi atención y que es motivo del título de este breve escrito.
Culto del Agua. Se realiza en agosto de cada año. El pueblo Mazahua, lleva ofrendas al agua y danza alrededor de un lago o río, con el motivo de que el Dios del agua, se acuerde de su pueblo.


Para los Mazahuas, es una forma de agradecer, que cuentan con agua y, pedir disculpas por el uso inadecuado del agua.
También, tienen la creencia de que, al matar alguna serpiente, un lago se seca y les es enviada alguna enfermedad incurable. LHM.










