HOMILIA
“¡Que te adoren, señor, todos los pueblos”! sal. 71
Queridos hermanos sacerdotes, apreciables autoridades civiles, hermanos y hermanas….gracias por su presencia y por unirse a la alegría de llevar a cabo esta Cabalgata de los Reyes Magos en nuestra ciudad de Morelia.
En esta Cabalgata Celebramos la solemnidad de la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Jesús Hijo de Dios, Hijo de María, como Salvador de todo el mundo, eso es lo que significa Epifanía , esa manifestación, esa revelación de la salvación que nos ha traído Jesucristo y que, desde el pesebre de Belén, con la inocencia y con la fragilidad de un niño, se nos ofrece y manifiesta como el único Salvador del mundo, y Jesús viene para ofrecer esa salvación a todos, los hombres, sin distinción de color, de cultura, sin distinción de ninguna índole, porque la salvación que Jesús nos ofrece es incondicional y universal, para toda la humanidad y para cada ser humano.
La Epifanía es el misterio que Dios había guardado desde muchos siglos atrás, como lo dice San Pablo en su carta a los efesios, pero ahora nos lo ha dado a conocer en su hijo Jesucristo, y de una manera muy hermosa el Profeta Isaías nos presenta la Epifanía del Señor, a través del signo de la luz: << El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz y, a todos los que caminaban en sombra de muerte, la luz de la salvación, la luz de la fe, lo ha iluminado>>. Podríamos decir que celebramos la catolicidad de la Salvación, porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la Verdad, este es el significado de esta hermosa celebración y solemnidad de la Epifanía.
Los invito a sentirnos, en primer lugar, muy agradecidos con el Señor, porque Él ha destruido las barreras que separaban a los pueblos, a los gentiles y al pueblo judío, porque Jesús vino para destruir toda frontera, toda barrera, todo muro, que separaba a los hombres. Y hoy nosotros, con este corazón agradecidos, le decimos al Señor Jesús: Gracias por tu Nacimiento, gracias porque nos has manifestado, con tu presencia en medio de nosotros, del amor que le tienes a la humanidad, el amor que le tienes a todo hombre que viene a este mundo y simple y sencillamente basta con abrir el corazón para encontrarte, para contemplarte, para tener esa actitud que tuvieron aquellos Magos venidos de Oriente.
Queridos hermanos los invito a reflexionar, de una manera muy sencilla y muy breve, sobre las actitudes de quienes hoy están en el escenario del Evangelio de San Mateo. En primer lugar, la actitud de Herodes que quiere encontrar al Niño, no porque le interese la Salvación que Él trae, sino porque él quiere encontrar conservar su poder, él quiere conservar el dominio, quiere conservar su prepotencia que lo distinguía sobre el pueblo de Israel; en cambio, nosotros vamos a buscarlo, pero con sencillez de corazón, con una actitud de servicio y disponibilidad, con la actitud que hoy es tan necesaria, la actitud de la solidaridad y de la fraternidad. Herodes quería ver al Niño, quería encontrar al Niño, pero para desaparecerlo, para que el estuviera todavía en esa situación de poder y de dominio sobre los demás.
La actitud de los sumo sacerdotes la actitud de los que conocían las escrituras y la actitud de los letrados de Israel, cuando son llamados por Herodes para que le dieran razón de ese Niño que había nacido, es una actitud ciertamente de verdad pero al mismo tiempo de cobardía, le precisan a Herodes que el Mesías va a nacer en Belén: <<Y tú, Belén tierra de Judá, no eres la menor entre las ciudades ilustres, porque de ti saldrá el pastor de Israel, el jefe de mi pueblo>>, respondieron con la verdad , le dijeron a Herodes que realmente que aquel Niño había nacido en Belén, pero no fueron capaces de manifestar la presencia de aquel Niño como el Hijo de Dios, como el Salvador del mundo, no fueron capaces de reconocer ellos mismos que Jesús era el Mesías esperado.
Y la actitud de aquellos hombres venidos de tierras lejanas, la actitud de aquellos hombres que, si bien es cierto, no eran del pueblo judío, venía de pueblos, venían de lugares lejanos, pero con el deseo de encontrar a Jesús. En la actitud de estos hombres que se dedican al estudio de los astros, que se dedican al estudio de la cosmovisión, nos presenta todo un proceso de fe.
Primeramente, vieron el movimiento de las estrellas y escondieron una estrella, y miraron en aquella estrella un mensaje, miraron en la estrella un acontecimiento, eso es lo que nosotros tenemos que hacer en un principio, tenemos que mirar, tenemos que contemplar el misterio que Dios atreves de la luz de la fe, a través de la a luz de la estrella, que simboliza precisamente la fe que nos ha traído.
Después de contemplarla, después de mirarla, tuvieron que caminar largas jornadas, tuvieron que pasar por lugares, y seguramente también por situaciones peligrosas, riesgosas, en todo su trayecto, en todo su peregrinar, y, sin embargo, no se detuvieron.
También nosotros, en el proceso y en el desarrollo de nuestra fe, vamos teniendo obstáculos, vamos teniendo dificultades, y también, en ocasiones, pareciera ser que la luz de la fe se nos oculta como aquella estrella también se les llego a ocultar a aquellos hombres venidos de países lejanos. Sin embargo, continuaron su camino, no desistieron del objetivo que tenían, y tuvieron que enfrentar estos grandes desafíos. Pero también supieron interpretar, supieron descubrir y discernir qué significaba ese camino, qué significaba esa estrella, qué significaba esa luz e hicieron un discernimiento y una interpretación de los signos.
Es importante y fundamental saber interpretar los signos de los tiempos, también nosotros tendremos que interpretar lo que Dios quiere de nosotros, a través de los acontecimientos de la vida, a través de las personas, a través de lo que hoy estamos viviendo en la humanidad, que es lo que Dios nos quiere decir y cuál es la voluntad de Dios. Aquellos hombres no dudaron en continuar y, después de redescubrir la estrella, llegan a donde estaba el Niño y, postrándose, lo adoraron. La adoración es el signo más elocuente del creyente, la adoración es la manifestación del hombre para conocer la realeza, para conocer y reconocer la grandeza de Dios, y también para conocer la pequeñez y sencillez del hombre como criatura.
<<Se postraron y lo adoraron>>. Esta es la actitud que al cultivarla ante las situaciones que hoy vivimos, de enfermedad, de pandemia, de muerte, de violencia y de sufrimiento, nosotros nos arrodillamos y nos postramos, para reconocer el amor de Dios, para reconocer nuestra pequeñez y nuestra fragilidad y crecer en la fe ante esta experiencia.
<< Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron sus dones>>. En nuestra vida cristiana, estamos llamados a ser generosos, a abrir el cofre de nuestro corazón, a abrir el cofre de nuestra familia, a abrir el cofre de la Iglesia; como humanidad, y llamados a abrir nuestros cofres para ofrecerle a Dios nuestra vida, para ofrecerle a Dios nuestra familia, para ofrecerle a Dios el desarrollo y la marcha de nuestra sociedad, para ofrecerle a Dios nuestro caminar como Iglesia, para que siga, la Iglesia, manifestando su universalidad, para que siga manifestando a todos los hombres el Evangelio de la salvación y de la Paz.
Aquellos hombres no le ofrecieron sino lo que tenía, oro, incienso y mirra. La tradición de la Iglesia y los santos padres han escrito sobre el significado de estos regalos, pero finalmente simbolizan el tesoro y la riqueza de la salvación que el Señor nos ha traído, simboliza lo que somos nosotros delante de Dios: sus hijos, pequeños, pero son muy amados.
¿Qué le podemos ofrecer nosotros al Señor? ¿Cuál sería nuestro compromiso ante esta Epifanía de la Salvación que hoy el Señor nos ofrece? La solidaridad con el hermano, el hacernos uno como el hermano, el reconocer y el descubrir el rostro de Cristo en el que sufre la violencia y la inseguridad, en el enfermo, en el anciano, en el migrante, en aquellos sectores que han sido marginados o, como dice el Papa Francisco, sobre los destacados de esta sociedad.
¿Qué podemos ofrecerle al Señor, sino nuestro compromiso de manifestar su salvación a través de nuestro compromiso de vida cristiana? Los magos ya no regresaron a donde estaba Herodes, regresaron a sus lugares de origen por otro camino. Qué importante es la conversión; qué importante es volver a la vida ordinaria, cotidiana, la vida rutinaria; qué importante es estarnos renovando constantemente, qué importante es buscar nuevos caminos de dialogo entre gobiernos, sociedad civil, instituciones e iglesias para acercarnos a Dios y para acercarnos a nuestros hermanos, qué importante buscar nuevos caminos para una sociedad renovada que construya y viva la paz que Dios manifiesta en su Hijo Jesús.
Queridos hermanos busquemos nuevos caminos para la Paz y que esa Paz Encarnada Y nacida en Belén llegue a todos los hombres, para que haya buena voluntad de los corazones y, así como aquellos Magos venidos de Oriente, sepamos recorrer ese camino de fe que nos lleve a la Paz… que así seamos constructores de paz en estas circunstancias difíciles, adversas, dolorosas, y oscuras, que estamos viviendo por la violencia, la inseguridad, la pobreza y la desigualdad social, política, económica e ideológica.
<<El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz>>. Hoy parecerá ser que nosotros estamos caminando en las tinieblas por las consecuencias de la pandemia del Covid-19, en las tinieblas de esta tragedia humanitaria, pero no perdamos la luz de la esperanza, no perdamos la luz que nos conduce al reencuentro con Dios y al reencuentro con los hermanos.
Hermanos, los Magos adoraron a un Niño en brazos de su Madre, María: que Ella interceda por nosotros para que siempre nos dejemos guiar por la luz de su Hijo que es nuestra paz.
Queridos hermanos, agradezco a todos los que organizaron y apoyaron esta Cabalgata de los Reyes Magos, que esta solemnidad de la Epifanía nos llene de alegría, nos llene de esperanza, y también nos llene de un gran compromiso para trabajar por el bien, el desarrollo y la paz en esta sociedad en la que vivimos.
Así sea.
En Cristo nuestra Paz
+ Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Morelia.