De Zoromútaro y Yuririhapundaro a Yuriria

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Los chichimecas le pusieron por nombre Zoromútaro y se establecieron, pero tras ser conquistados por los purépechas, estos le llamaron Yuririhapundaro, el nombre se fue modificando hasta quedar simplemente como Yuriria.

La historia de Yuriria se remonta a los años anteriores de la conquista, cuando una tribu de chichimecas nómadas se estableció al lado poniente del lago cráter ubicado hoy en la parte sur de la población, donde, además de gustarles el paisaje, tenían alimento, agua y donde guarecerse de las inclemencias, por lo que deciden establecerse.

De acuerdo a datos del cronista de Yuriria, Arturo García Constantino, al paso del tiempo los chichimecas se mezclaron con otomíes de Querétaro, distantes a unos 25 kilómetros, surgiendo de esta manera la cultura chichimeca-otomí.

Posteriormente, al noreste de Michoacán se estableció el rey purépecha Taríacuri, quien dividió su territorio en 3 partes para heredarles a sus dos hijos y un sobrino, al morir su padre, Tanganxoan busca ampliar su territorio en Tzintzúntzan, hacia Cuitzeo y sus alrededores.}

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En la región proliferaba una hierba silvestre gramínea a la que los chichimecas pusieron por nombre zoromuta, ahí establecieron sus dominios y denominaron Zoromútaro el lugar, pero tras ser conquistados por los purépechas, estos cambiaron el nombre por el de Yuririhapundaro, el cual se traduce al castellano como lago de sangre, por el tono rojizo de sus aguas. Al transcurso del tiempo, ese nombre se fue modificando hasta quedar simplemente como Yuriria.

El sitio más emblemático de Yuriria es el Ex Convento Agustino de San Pedro, cuya fundación se remonta a los años de la conquista, en 1548 Don Vasco de Quiroga encarga a Fray Diego Chávez la búsqueda de un espacio para establecer un monasterio, para continuar propagando el evangelio cristiano.

El inmueble conventual se edificó en lo que hoy es el corazón de Yuriria, dado que el suelo rocoso le dio solidez y la capacidad de soportar sismos por movimientos de placas teutónicas, además de localizarse en el subsuelo nacimientos de agua, que a más de 4 siglos siguen abasteciendo del vital líquido a la población yuririense.

La construcción del convento duró 9 años, iniciando en 1550 y concluyendo en 1559, una vez terminado el monasterio, inicia actividades a finales de 1559, tuvo muchos años de resplandor y superó vicisitudes como la guerra de independencia, que estalló en 1810, la Revolución Mexicana y la guerra de los cristeros, hasta mediados del siglo XX, cuando un sacerdote de la jerarquía católica traslada el convento a Guadalajara, instalándose en el barrio de Chapalita con el nombre de Convento de Santa Rita.

Tras quedar solo el monasterio, se asignó a una persona para que se encargara de cuidar el vetusto inmueble, sin embargo, se descuidó la biblioteca “en los pasillos se podían ver un tiradero de libros históricos importantes en latín y griego”, detalla García Constantino.

Posteriormente, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) asumió la custodia y control del ex convento, donde había muchos objetos y piezas arqueológicas que el INAH se llevó y jamás ha regresado, pero aún hay pinturas y telares en el interior del monasterio, además de otros instrumentos y utensilios importantes.